| Mires por donde mires, hay chocolate, ¡ñam! |
Es pensar en el invierno y venirme a la mente imágenes de salones con un fuego en la chimenea, desde la ventana se ve un paisaje nevado con un muñeco de nieve, la familia reunida tomándose una taza de chocolate, la abuela en la mecedora y alguien al piano.
La culpa de que tenga esas cosas en la cabeza es de la tele, porque ni tenemos chimenea, ni mecedora, ni piano (ni nadie en la familia que sepa tocarlo decentemente), ni nieva en Sevilla.
Aunque he de reconocer que alguna vez sí que nos hemos reunido y hemos terminado tomando chocolate caliente, no se respiraba ese aire tan típico de las películas.
En fin, así que hoy al levantarme, será por el frío que tengo metido en los huesos o porque mire por donde mire intentan concienciarme de que la Navidad está a la vuelta de la esquina, pues hoy me he levantado con ganas de chocolate invernal.
Y como cuando me da un antojo por algo no se va hasta que lo sacio, he cedido a mí misma y he preparado un desayuno a base de (mucho) chocolate, que sabía a Navidad, ¡a Navidad de chocolate!
