¡Queda exactamente una semana para San Valentín!
A pesar del tono eufórico, en realidad San Valentín no es una fecha que me vuelva loca.
Puede resultar extraño que yo, que soy una princesita Disney demasiado crecida (¿os podéis creer que se me saltaron las lágrimas viendo Saving Mr Banks?), fervorosa lectora de Austen y Charlotte Brönte (mira por donde, Emily y Anne no me convencen), amante de pelis tipo Los puentes de Madison (también lloro...), y un largo etcétera de ese tipo de ñoñerías, no sienta una inclinación especial por San Valentín.
Pero el hecho es ése, ¿qué le voy a hacer?
Los motivos...
¿Un abuso de la utilización de corazoncitos y una desmesurada invasión de rojo y rosa por doquier?
¡Es probable!
